David and Luz Maria Ernst – Serving the Lord in Venezuela

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La buena confesión

Nuestro Señor nos promete en el evangelio de hoy (Mateo 10:26-33), “Cualquiera, pues, que me confesare delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en el cielo.” También San Pablo en la epístola (1 Timoteo 6:11-16), “ Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que testificó la buena profesión delante de Poncio Pilato.” Como Pilato le dijo a Jesús, a él no le preocupaba la verdad eterna. Quería evitar una insurrección de los judíos, lo que lo habría metido en problemas con el emperador romano. Entonces, aunque no consideró a Jesús digno de muerte, lo sentenció a la crucifixión. Pero Jesús le dijo que no tenía poder que Dios no le hubiera dado y que él era un instrumento del plan de salvación de Dios. Las historias que leemos en la Biblia sucedieron hace mucho tiempo y muy lejos. La historia de la Reforma está mucho más cerca de nosotros, pero, como dice el libro de Eclesiástes, nada hay nuevo debajo del sol. La Reforma del siglo XVI comenzó al final de octubre de 1517 cuando Martín Lutero clavó las 95 tesis a la puerta de la iglesia del castillo en Wittenberg, Alemania. Pero eso fue solo el comienzo de un movimiento que restauró la sana doctrina a la iglesia. En esta fecha recordemos otro evento importante, la Presentación de la Confesión de Augsburgo.

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Un asiento en la mesa

La invitación hecha por las “criadas” de la sabiduría en Proverbios 9:1-10 se oye nuevamente la parábola de Jesús en Lucas 14:15-24, nuestro evangelio para el segundo domingo después de Trinidad. En esta parábola, el padre de la familia es Dios Padre todopoderoso. Para compartir la mesa del Señor es para ser miembro de la familia, que es la comunión de los santos. Él nos invita a santificarlos a través de su bautismo, consolarlos y fortalecerlos a través del sacramento de su cuerpo y sangre; que no tengan necesidad de nada, que haya mucha abundancia y que todos estén satisfechos.

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Escucha su Palabra y voz

La parábola del hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19-31) no enseña que las riquezas en si mismas sean malas y lleven al individuo al infierno. Esta parábola tampoco dice que la pobreza, la miseria y la aflicción en si mismas conducen a la vida eterna. Más bien, establece una comparación entre el creyente que sufre pero se humilde y fiel, Lázaro, y el incrédulo egoísta e impenitente. Toda la parábola es una advertencia a los oyentes de Jesús para que escuchen la Palabra de Dios, la única que puede hacer que una persona se arrepienta y obtenga la vida eterna.

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Nadie puede seguir a Cristo en secreto

Nicodemo vino a Jesús de noche porque no quería ser visto por los otros fariseos. Temía ser denunciado como discípulo y así perder su puesto entre la clase alta. Jesús le dijo en Juan 3:1-17 que para ser su discípulo fue necesario ser bautizado y hacer una declaración pública de fe en Él. Estas palabras de Jesús están dirigidas no sólo a Nicodemo, sin o a todos los que quieren seguir a Jesús. Desde el principio, la confesión de fe en Jesús como Señor y Salvador ha sido parte indispensable del rito bautismal. La iglesia primitiva adoptó el Credo Apostólico como su confesión bautismal. Cada vez que confesamos el Credo Apostólico estamos recordando nuestro bautismo. También se encuentran en el Libro de Concordia, como documentos fundamentales de la Iglesia Luterana, el Credo Niceno y el Credo Atanasio. La iglesia ha usado el Credo Niceno por los servicios en que se celebra la Santa Cena. Se sugiere que en este día se use el Credo de Atanasio en lugar de los otros credos porque el Credo Atanasio es muy claro y completo y incluye advertencias contra el rechazo de la doctrina de la Santa Trinidad.