David and Luz Maria Ernst – Serving the Lord in Venezuela

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Mirad las aves del cielo

En Mateo 6:24-34, nuestro evangelio para el decimoquinto domingo después de Trinidad, Jesucristo dice, “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Esto no es una condenación del éxito en su trabajo, ni una justificación para no trabajar, ni una plataforma política para la redistribución forzada de las bienes. Las advertencia dada aquí es más apropiada para las circunstancias de los discípulos, cuya preocupación sería más con respecto a las necesidades de la vida que a acumular tesoros. El alimento, incluso el necesario para sostener la vida, y el vestido, incluso el exigido para el calor, no deben ser objeto de preocupación que divide y distrae la mente de las cosas espirituales, ni una excusa para no seguir a Cristo. La preocupación con cosas materiales revela una falta de fe y confianza en el Señor para proveer. Peor aún, el seno de la avaricia surge de esta desconfianza en Dios. La clave es versículo 33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” El argumento de Cristo es de más a menos importante: La vida natural es más que el alimento que la sustenta; y el cuerpo que contiene esta vida es más que la ropa que lo protege. ¿Puede, por tanto, el que dio lo más grande, lo más importante, es decir, su Hijo para ganar para nosotros la vida eterna, no ser confiado para dar lo menos?

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Tu fe te ha salvado

El texto para el decimocuarto domingo después de Trinidad es Lucas 17:11-19. Todos los hombres oran a Dios en tiempos de aflicción. Unidos en la aflicción, pueden tolerar a los extrañjeros. Pero pocos reconocen la misericordia de Dios una vez que han sido librados de la desgracia y vuelven a despreciar a los que fueron sus compañeros en la miseria. Sin embargo, la fe salvadora, centrada en Jesucristo y el perdón de los pecados y la promesa de la vida eterna, obra un cambio en la vida, ahora y para siempre.

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La Ley no nos salva

Nuestro texto para hoy, Lucas 10:23-37, es la parábola del Buen Samaritano bien conocido y entendido como una advertencia contra el racismo y xenofobia. Sin embargo, para entender la historia en su profundidad, debemos ver nosotros mismos como el hombre casi muerto y Jesucristo como el samaritano. Además, el punto principal es no confiar en nuestras propias obras para la salvación.

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El lenguaje de señas

Según San Pablo en Romanos 10:17, “Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Pero, ¿Qué pasa si un hombre no puede oír? En nuestro evangelio para 04 de septiembre de 2022, el duodécimo domingo después de Trinidad (Marcos 7:31-37), nuestro Señor usa lenguaje de señas para comunicarse con un hombre sordomudo. También, con nosotros que tenemos todos los cinco sentidos, Dios no comunicarse solo por la predicación de la Palabra escrita, las Sagradas Escrituras, y el anuncio de la absolución. Tenemos los sacramentos, ritos instituidos por Jesucristo como medios de gracia. En los sacramentos del bautismo y la Santa Cena, la Palabra de Dios está vinculada con elementos visibles y tangibles.
“Y así como la palabra entra por los óidos para tocar los corazones, así también el reto entra por los óidos para tocar los corazones, así también el rito entra por los ojos para mover los corazones. El efecto de la alabra y el del rito es el mismo, como lo dijo muy acerdamente Agustín: El sacramento es palabra visible, porque el rito se recibe por los ojos, y es como una representación gráfica de la palabra, y significa lo mismo que la palabra. Por eso, el efecto de ambos es el mismo.” La Defensa de la Confesión del Augburgo, Artículo XIII:6.

El lenguaje de señas