David and Luz Maria Ernst – Serving the Lord in Venezuela

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Otra vez oímos “Esto es mi amado Hijo”

En la historia del bautismo de nuestro Señor, hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. En la cuenta de la Transfiguración, Mateo 17:1-9, oímos otra vez la voz del Padre todopoderoso: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia: a él oíd. Porque la voz del Padre pronunció casi las mismas palabras que en el bautismo de Jesús fue un testimonio muy solemne de Jesús como el Mesías e Hijo de Dios.

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Éste es mi Hijo amado

“Éste es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento; a Él oíd”. Con estas palabras culminó el suceso en el monte de la Transfiguración. En Mateo 17:1-9, nuestro evangelio para el 29 de enero de 2023, Jesús fue investido con honor y gloria de su mismo Padre celestial. No todos los discípulos vieron su gloria divina brilló a través de su forma y persona exterior, solo Pedro, Juan y Santiago. Tampoco todos nosotros somos testigos oculares a la resurrección. Pero, en nuestra epístola (2 Pedro 1:16-21), Pedro dice así, “Tenemos además la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien de estar atentos como a una lámpara que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y la estrella de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; porque la profecía no vino en tiempo pasado por la voluntad del hombre; sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo guiados por el Espíritu Santo.”

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